Florencia Fragasso en El Infinito Viajar

Escribo cosas todo el tiempo. Pero la poesía, el poema, es un hecho azaroso. A veces paso largas temporadas sin escribir un poema. No lo busco, no lo convoco conscientemente. En la vida cotidiana, soy muy de prestar atención a los detalles, las formas visuales de los objetos y la gente, las combinaciones de colores y sonidos, las voces, los desplazamientos. El poema me asalta siempre, vuelve a ser una novedad cada vez. Y una vez que lo escribo, a veces de inmediato o en ocasiones mucho después, me doy cuenta de que se venía gestando algo; un poema tira de un hilo y se siente la resistencia mullida y suave de un ovillo que terminará cediendo. A la larga, de ahí suele desatarse un grupo de poemas o un libro.
No tengo la costumbre de investigar, ni de perseguir un tema con una intención literaria. Voy dejándome llevar por mis propias obsesiones, que no son pocas. Sí doy a leer los poemas a gente en cuya lectura confío, y escucho atentamente sus opiniones, a eso presto oídos especiales. A lo que dicen y cómo lo dicen. La poesía crece con esas escuchas.
Como el poema es un asalto, mis sensaciones al escribir son algo vertiginosas; me viene al pensar en esto la palabra arrebato. Y voy a buscar un libro de Tununa Mercado, que siempre me ilumina: “(…) ganar el espacio de la escritura es un arrebato, palabra cuyo doble sentido (…) dice la índole del acto: por un lado arrebato en el sentido de apropiarse de algo (…) y arrebato en el sentido de rapto, fascinación, perplejidad, estupefacción.” Yo vivo, y el poema aparece y en algún sentido me toma, y yo a su vez tomo ese momento, colándolo en el ajetreado día a día. Pero no me aleja de la vida, me distrae apenas. Desde las sensaciones corporales, podría describirlo como un sacudón. Cosquillas, arrebato, apuro. Escribo rápido para que no se me escape.
Como lectora, y en los talleres de lectura que coordino, suelo poner el foco en las representaciones espaciales de la literatura, paisajes, espacios urbanos, arquitectónicos, traslados. Leo y escribo mejor si estoy en movimiento, mental y corporalmente. El poema suele asaltarme fuera de mi casa.
Hace poco me pregunté por la relación entre cuerpo y poesía cuando vi y escuché en una lectura a Inés Manzano. No leía, recitaba de memoria. Ella estaba parada, se mecía muy suavemente como un junco su cuerpo y los poemas salían de su boca con una naturalidad y organicidad que me impactaron mucho. Y me impactaron en el cuerpo. Cada poema en sí era un cuerpo, ocupaba –habitaba, más bien- el espacio. Música y danza. Recomiendo leer los poemas de Inés Manzano pero sobre todo ir a escucharla en vivo. Porque son realmente eso, en vivo, sus poemas son criaturas vitales, están ahí entre la gente, respirando.

 

Poemas

 

Coreografía

Ocho mesas tiene el bar
seis ocupadas
dos vacías
me siento en la séptima
que elijo por ser de las dos restantes
la única que mira a la calle
somos ahora siete mujeres
una en cada mesa
cuatro a la calle, tres
a la nada
dos leen el diario
una un libro
otra está con un bebé en un cochecito
-me sorprendo de no ser yo la del bebé-
todas mayores de cincuenta
menos yo y la del bebé
no tengo qué leer ni qué escribir
no planeaba venir
anoto esto en la parte de atrás
de la cartilla médica de la prepaga
la puerta se abre, dejando entrar algo del ruido de la calle,
entra la octava.

De Superpoderes, El ojo del mármol, 2015

 

Los modos

Son modos: mi madre, por ejemplo,
va destendiendo la ropa
poco a poco
según se sequen, a su turno,
una y otra prenda;
con un tacto veloz
detecta la humedad
de los bordes de las telas
que el sol menos tocó

aunque no haya amenaza de tormenta
ni haga falta el espacio
para colgar más prendas
ella lo hace así -son modos-:
yendo y viniendo

en sus intercaladas excursiones
desde y hacia el patio
-a la ida, con brazos sueltos
a la vuelta, a manos llenas-
danza sus días y las partes
de sus días en un pentagrama
salpicado de blancos

mientras sin querer y sin saberlo
va burlando la inquietud
que murmuro en silencio,
son modos: donde yo desespero
ella pasea.

De Superpoderes, El ojo del mármol, 2015

 

Bautismo

No sé nada del día en que nací
salvo lo que vos dijiste al verme
y ahí te clavaron, exótica mariposa disecada,
con alfileres en el corcho

Las familias viralizan esas frases de los niños
y las van estirando hasta que las palabras
se vuelven lanas con las que tejen
un bufanda de personalidad.

De El cuento de las mellizas, inédito

 

Alexandra

El cuento de las mellizas que mi papá nos contaba
tenía un personaje secundario fascinante
disonante

Amén de las mellizas
de trenzas prolijas y uniforme
que, en blazers de paño y flores de lis bordadas
protagonizaban la contracara existencial
de nuestro microdrama bonaerense

Ahí estaba Alexandra la encabritada
de espíritu rebelde y pelos rojos al viento
la X de su nombre daba un respingo en el sueño
que me hacía resbalar por el sillón
y perderme el final del episodio

Puedo oír la voz de Alexandra
con su acento extranjero
atizando a los caballos
al galope por entre los sillones negros
volteando el cenicero de pie de Bariloche
esparciendo las cenizas por el living.

De El cuento de las mellizas, inédito

 

Revelación

Recién ahora me doy cuenta
después de décadas
de que Alexandra era rusa

acabo de caer
en la cuenta de que el cuento
se mantenía a flote por esa tensión de tanza
provocada por la extranjería de Alexandra
lo que ocultaban sus vestidos pero que el lazo ceñía
fuertemente
justo arriba de la cintura
haciendo un reloj de arena de su cuerpo

Por eso la X de su nombre, por eso
tanto exotismo y rebeldía
No cualquiera es un ruso en esa época
No cualquiera es una rusa en edad de merecer
atizando caballos en medio de la torta
de crema batida decorada en dorado
que era esa Viena a fin del siglo
antepasado.
Sin la presencia de Alexandra
el cuento no habría respirado:
ella era el suspenso
lo intraducible
un gran personaje de novela
encorsetada en la tradición oral de un cuento.

De El cuento de las mellizas, inédito

 

Nací en Lomas de Zamora hace 41 años. Estudié Letras muchos años, y distintos idiomas. Trabajé un largo tiempo como guía cultural de la ciudad. Publiqué, en poesía, los libros Extranjeras (gog y magog 2005) y Superpoderes (El ojo del mármol 2015), y las plaquetas Los poemas de la observatriz (Arte plegable 2004) y Sinestesia (Ediciones presente 2012).
Traduzco poesía del inglés y del portugués. Doy talleres de lectura literaria de forma privada y en algunas instituciones. Coordino recorridos urbanos relacionados con la literatura.
florenciafragass@gmail.com

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