Poemas de Juan Cristóbal Miranda en Revista Mexicana ‘El otro’

Selección de poemas cortesía del autor.

‘Devoción y proteínas’, 2016, Editorial El Ojo del Mármol.

 

Interior Refrigerador Noche

La luz más amarilla que uno pueda imaginar

delimitando el perfecto ecosistema

un amplio espacio

dos ambientes de humedad

el lugar ideal para la pequeña familia polar

ensayando al infinito

el rito de las provisiones

frizar el pan

raspar los bordes de la manteca

renovar el agua estancada en las botellas

nada que hornear derretir o calentar

así pasa la vida en el frío

como en los pálidos bosques del ártico

donde descansan los enormes osos blancos

sin pensar en familias ni heladeras.

 

El silencio

Cuando me quedo solo

la casa se calla

los pájaros se duermen

y yo de a poco

vuelvo a escuchar ese sonido

una nota filosa y apagada

que como un frío meridiano

me atraviesa por dentro.

 

Fuga

Si no soy yo

será otro

el que abra la ventana

y deje entrar la luz

para que se pose sobre el marco

como un pájaro cansado

y nos encandile

apenas

con la tristeza de su mirada.

 

Marea

Como una lenta marea

a las diez de la mañana

el feriado arrasa con el mundo

y no deja más que mi voz

el supermercado chino

y esa solitaria mujer en el zaguán

tomando cerveza con pajita.

La lata brilla

como un diamante bajo el sol

y yo no logro darme cuenta

si es la luz lo que me embriaga

la mujer y su tesoro

o el movimiento de las olas

de ese mar invisible

dorado y espumoso

que nos rodea.

 

Ribera

Tu voz sobre el río

como un motor fuera de borda.

Mi cuerpo en la orilla

una chatarra que se oxida.

Y entre nosotros

sube la marea

pasan caracoles

vuela la espuma

vibran luces, reflejos

crepitan sapos

avanzan humedales

vientos, babas, roedores

tiemblan los cardos

los grillos

estallan las crisálidas

crece la sombra

el agua

el silencio.

Como un bote perdido

la naturaleza pasa

y no nos ve.

 

Cruzada

Abandonamos mansamente la ciudad

llevamos nuestro propio alimento

hacia el límite del sol

pero de pronto

la oscuridad se nos dispara

como una catástrofe

esa araña que teje

la amargura de la noche

en que juntos descubrimos

que amor y miedo son lo mismo

y nada más

un enorme y misterioso bosque

que no se deja atravesar.

 

Superyo

Me pediste el traje

y yo me lo puse

desplegué la pequeña capa

como un triste murciélago

y aprendí a volar

para seguirte adonde fueras

para salvarte

una y otra vez

en vuelo rasante

verde y rojo contra el pecho

una nueva piel

pegada al cuerpo

esa franja indivisible

o superficie ajena

la velocidad que me transforma

y el enorme mar

reflejando ahí debajo

al extraño superhéroe

de otra película.

 

Estribillo

Te voy a amar para siempre

suena en mi cabeza

como una música

que ya no puedo dejar de bailar

por más que trate de cortar el ritmo

el cuerpo terco

siempre vuelve a la memoria

primero un brazo

después los hombros

más tarde las piernas, la cadera

el corazón

todo se acomoda nuevamente

en esa melodía pegadiza

los movimientos justos

las palabras precisas

los deseos repetidos como notas

muertas sobre el pentagrama

de una interminable partitura.

 

High Definition

Me tocás

como si fuera un dispositivo

una pantalla táctil

42 pulgadas

de pura sensibilidad

la tecnología del amor

aplicada

la mecánica del sexo en HD

avanzando sobre nosotros

pixel sobre pixel

un coito a 300 dpi

demasiada resolución

para una imagen

que sigue perdiendo nitidez.

 

MRU

A trescientos kilómetros por hora

una bicicleta

pasa frente a nuestra casa

no la vemos

nadie la oye

pero vos igual me decís

tengo miedo de la velocidad

y te parás a cerrar la ventana

como si supieras

algo que yo no

como si intentaras ocultar

ese rastro silencioso

que va dejando la distancia.

 

Decolaje

Un avión

que se cae de mañana

sobre el pavimento

busca eso mismo

que ni vos ni yo

pudimos encontrar

remontados en el aire

luchando contra la corriente

de un día soleado

sábado limpio y pasajero

el futuro radiante

frente a nosotros

como la nostalgia

de los aeropuertos.

 

Bautismo

Recuéstame y lávame los pies

ensúciame un poco más

con tu mano solitaria.

Necesito volver a sentir

el agua que corre

la furia de la sangre

el barro escurriéndose entre tus piernas.

Ya estamos solos

disfrutemos entonces

de esta apacible condena

el milagro de habernos encontrado

justo cuando la Gracia del Señor

nos abandona.

 

Practicante

El padre ya lo sabía

escondido entre las mancuernas

hay un misterio

solo hay que descubrirlo

a fuerza de abdominales

devoción y proteínas

la sotana colgada frente al espejo

el sudario empapado de feromonas

y este exceso de gimnasia

para un músculo sin fe.

 

Última cena

Los apóstoles cenaron en casa

y se fueron dejando la sensación

de que nada merecía celebrarse

doce platos prolijamente apilados

el mantel lleno de migas

y esa enorme copa dorada

que ninguno de nosotros

está dispuesto a lavar.

 

Deriva

Con la voz de la mañana

llegó el estruendo

las paredes por el piso

y una densa polvareda

la nube blanca

ocultando el temblor

de esa antigua nave

un haz de luz en altamar

atravesando bloques de agua

y mis sueños como peces

cardúmenes distantes

en la oscuridad marina

años de profundidad

y un tesoro solitario

brillando en el fondo.

 

En Obra

Yo no sé

si lo que me desvela

es el sonido de la mezcladora de cemento

el murmullo de los obreros

o esta fina capa de cal

recubriéndolo todo.

Desde adentro

no puedo más que observar

cómo avanza la obra

la gran masa de concreto

trepando hacia el sol

una enorme autopista

recostada sobre el jardín de mi casa

como un animal dormido

que espera pacientemente

por si uno de estos días

quiero alejarme.

 

Monoambiente

Cae un escombro

y de repente recordás

la ilusión de aquella tarde

en que cargaste la primera piedra

un pedazo de futuro

a tus espaldas

como un gran caparazón

el temor de construir

una casa propia

demasiado pequeña

para poder habitarla.

 

Yo, el sueño

yo,

el sueño

los latidos del reloj

y tras la puerta

la perfecta imitación china

sabiduría oriental

contemplando

un ligero vaivén

detrás de las cortinas

el zapateo americano

la emoción de otra época

un motor que ruge

por Sarmiento y Esmeralda

despejando el perfume

esa extraña sensación

de una fiambrería cerrada

al 1500

restos de jamón y pelo de gato

un verano pasajero

esa fiesta que se acaba

a lo lejos

en el piso de arriba

la soledad arrastrando muebles

y en la radio

una ola de violencia

estalla en medio oriente

y todo se llena de fragmentos

esquirlas sinfónicas

pequeñas agitaciones

a la hora de la siesta.

 

**********

Este primer, notable libro de Juan Cristóbal Miranda (Argentina) explora las tensiones del silencio, que oscila como un sismógrafo ante las elipsis del lenguaje, pero también ante las represiones externas y propias que el poema se propone transgredir. En ese sentido, sus versos esgrimen un confesionalismo paradójico: aquí la voz poética dice todo aquello que hubiera preferido no decir. Sus búsquedas, frutos de cierta crisis religiosa que da lugar a revelaciones de otro deseo no menos alto aunque más carnal, van orientándose hacia los misterios de la física diaria. Cuando el tiempo se adensa, causando detenimientos y simultaneidades; o cuando el espacio se estira, generando abruptas distancias. A pesar de sus descreimientos, un «músculo sin fe» puede creer hondamente en sus palabras, porque levanta cada frase con sostenido esfuerzo y hace de sus visiones una gimnasia espiritual, por medio de la cual una humilde latita de cerveza es capaz de brillar «como un diamante bajo el sol». La fuerza desoladora de esa musculatura trabaja como una balanza que busca continuamente el choque de pesos distintos: por un lado la gravedad del tono, por otro la levedad de las imágenes. Aun cuando la poesía, según el autor, sea una «impotencia hecha palabras», los poemas de Devoción y proteínas logran transformarla en potencia sensorial y vigor introspectivo.

 

Poemas de Juan Cristóbal Miranda en Revista Mexicana 'El otro'
Poemas de Juan Cristóbal Miranda en Revista Mexicana ‘El otro’

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