Poemas de Natalia Romero en Transtierros

Lo que no leer el visor: Natalia Romero

 

Tus cosas

Dejé la casa y no recuerdo cuando fue.
No se adonde fui tampoco.
Dejé la casa y nunca abrí el placard.
No me metí en tus cosas.
Nunca quise tocarlas.
Nunca quise tocar tu ropa.
Dejé los aros las pulseras
la cajita de música con la cuerda rota
las cartas en los cajones
el álbum los zapatos
las remeras el maquillaje los adornos.
¿Alguien habrá tirado tu cepillo de dientes?
La vecina dijo que guardaría todo para mí
para cuando mi hermana y yo
quisiéramos volver a tener algo tuyo.
El día en que le dije que los óleos pastel
que me mostraba eran de mi mamá
ella insistió en que no era así
dijo haberlos comprado en una feria hacía unos años
pero yo conocía esos crayones magenta y ese rojo rubí
gastado más que los demás colores de la caja.
Nunca más volví a la casa de la vecina.
Tampoco a la casa en la que vivíamos con mamá.
El único contacto que tuve con los objetos
fue tirarlos en bolsas de color oscuro o madera
a escondidas, durante años
a la hora de la siesta
en la casa de los abuelos.
Lo que más me costó
fueron esas pantuflas rosas
que usabas cuando estabas enferma.
La abuela insistía en guardarlas
ella veía algo tuyo
yo veía todo lo ajeno.

 

Muelle

Estamos mi hermana y yo cerca del mar
apenas nos mojamos los pies en la orilla
es que mamá no sabe nadar, ella
nos da la mano nos sostiene.
Las tres somos un muelle
más fuerte que la tormenta.
En nuestra casa de playa
hay santa rita y malvones
corremos a la punta del monte
y no sentimos frío.
La arena se guardó todos los rayos solares
y no nos queda más que la noche.
Hay mar, hay niebla.
Mi hermana me trae un caracol
me lo acerco al oído
dejo que suene el mar
que cante su rima adentro mío.
De él caen granitos de arena
que son como estrellas
que vuelan
y se pegan en el pelo de mamá.

 

Habitación

Las persianas del hotel
se mueven y hacen ruido
a madera vieja y seca.
Entra la luz del día
pasa por las cortinas.
Vemos rosada la pared.
Despertás y sin dejar de abrazarme
tu boca se queda quieta, sobre mi nuca.
Abro los ojos
sostengo la respiración
quiero que se empalme con la tuya.
Afuera hay mucho viento
en este lugar del oeste con laguna.
El cuadro de los caballos
se ilumina.
Son cuatro y corren en paralelo
dos y dos
y bordean un río.
Sabemos que afuera
están las montañas y los pinos
que vendrá en un rato mucho sol
que hasta las 11 hay desayuno
que probablemente ya solo quede café.
Suena una radio en el pasillo
una mujer tararea una melodía
que no logramos distinguir
-el hotel a esta hora
ya debe estar casi vacío-
es el único sonido que oímos
en esta cama nueva que nos contiene.
Las sábanas huelen a perfume
concentrado de rosas
y el calor nos humedece
de a poco la piel.
Para salir deberíamos ducharnos, digo.
Afuera está el lago.
Pero todavía ninguno se mueve.
Durante el viaje en la ruta
el colectivo nos llevaba
nosotros íbamos quietos.

 

Natalia Romero (1985)

Nací en verano
El ojo del mármol, 2014.

 

 

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