Reseña ‘Colección de fantasmas’ de Valeria De Vito

Crovara mon amour

Editado por el sello cooperativo 27 Pulqui, el primer libro de poemas de Valeria De Vito recupera aspectos de la poesía social.

Editora del sello bonaerense El Ojo de Mármol, coordinadora de talleres literarios y poeta, Valeria De Vito (1977) publicó tres plaquetas de poesía: Instalaciones, El amor es transposición y Verano y poemas de sal. Su primer libro, Colección de fantasmas, acaba de ser reeditado por el sello 27 Pulqui, un proyecto editorial conformado por la Cooperativa de Trabajo Obrera Gráfica Campichuelo y el Taller de Oficios de la Feria de La Salada, donde los libros son “vestidos” o provistos de una tapa acorde con el contenido. Para Canciones de amor, de Paula Jiménez España, idearon una edición similar a la de un LP; para La Kelpertina, de Tomás Bartoletti, una réplica ampliada de los viejos DNI verdes de cartón telado. El libro de De Vito, en composición horizontal, está dentro de sobres de color celeste patrio: la edición parece asimilar el conjunto de poemas a un dossier donde varias presencias informan sobre una multiplicidad de figuras tonales. Esas figuras comprenden un arco temporal que alcanza la memoria de los antepasados inmigrantes y la estampa de los padres, e incluyen los registros en apariencia distraídos sobre el presente: “Hay algo que esta sucediendo,/ dicen/ yo no sé./ Hay una voz en las calles”. De Vito, la poeta de La Tablada, presta oídos a esa voz callejera, popular, barrial en la que se entremezclan versiones de milagros, historias vencidas y visiones.

“Nuestros padres nos enseñaron cosas diferentes/ nos llenaron la cabeza de símbolos,/ nos mostraron el mundo que no conocieron/ y pidieron que deseemos lo que nunca intentaron lograr”, se lee en el poema “Colección de fantasmas”. La tensión entre el presente que los padres imaginaban y el presente real es uno de los vectores del libro, poblado de fantasmas familiares y simbólicos: la nona de la parra de uvas moradas y Cristo crucificado, el Hombre Araña y las hadas temerosas de los cuentos infantiles, las cantantes de rock nacional y el matadero situado en la avenida Crovara. A ese universo mental y geográfico se le suman reflexiones sobre la escritura y el amor, apuntes sobre las rutinas de la clase trabajadora y la vida en el conurbano: “Esto es el oeste:/ cualquier día es todos/ y muchos no hacen uno./ Día es respirar sol,/ perros,/ helados de crema a tres pesos,/ la calesita de la plaza”.

Además de enmarcar esas voces en cuadros narrativos, incluso en semblanzas de personajes, como en “Tomás”, los poemas de De Vito guardan algunas semejanzas formales con el cancionero religioso y las canciones populares. A ambos se hace referencia en varias ocasiones a lo largo del libro. En “Estrella pop”, que cuenta un viaje estudiantil a las sierras, se lee: “Fui la estrella pop del fogón/ guitarreando cada noche/ algunos salmos clásicos y / otras de Faby Cantilo”. En “Transporte”: “A mamá la ponía contenta/ que cante en la misa,/ a mi abuelo, que practicara alguna de Guarany./ Yo quería aprender/ a tocar la guitarra con transporte/ y a donde fuera escribir poemas o/ canciones de amor”. Una temática afín a la de las canciones o los salmos se toca desde una subjetividad móvil, que oscila entre la intimidad (“Me gusta jugar más que acabar”) y el intervalo que la conciencia facilita: “El noticiero de las seis AM/ no muestra/ cuando nosotros/ nos besamos en el furgón del Belgrano Sur”. En ese repertorio coinciden las rutinas laborales y los recuerdos, las vivencias de juventud y la supervivencia en tiempos de crisis, el deseo sexual y la crianza de lxs hijxs, fiestas como el carnaval, las Pascuas o los mundiales de fútbol y la risa: “Soñé con otro, no eras vos/ tampoco sincero”.

Poesía de circunstancias y de la experiencia, del compromiso y de los afectos preservados del vendaval de la historia, Colección de fantasmas amortigua la lírica de la tradición social con los espectros que la imaginación poética puede proporcionar: “La trampa es el poema/ que te lleva/ río arriba/ a la profundidad de peces gordos/ donde asumís que vas/ pero querés volver/ como sea/ a ver”.

 

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