Reseña de ‘Cada pliegue del cielo’ en Sólo tempestad

Fragmentos de un muro

 

“Pero, cuando de un antiguo pasado no queda nada, después de la muerte de los seres, después de la destrucción de las cosas, solamente el olor y el sabor, más frágiles pero más vivaces, más inmateriales, más persistentes, más fieles, continúan aún vivos mucho tiempo, como almas, para recordar, para esperar, para anhelar, sobre las ruinas de todo lo demás, para llevar consigo sin desfallecer, en su gotita casi impalpable, el edificio inmenso del recuerdo”, escribe Proust en una de sus clásicas frases largas de En busca del tiempo perdido. Es que ya se sabe lo que pasó cuando el personaje de la novela probó la magdalena, aquel bollo de masa dulce, en el que hincó sus dientes una tarde cualquiera cuando tomó el té con su madre. Sin dudas, la niñez puede ser un resorte muy potente de creación, y activar el botón que la convoca puede darse a través de las formas más extrañas.

¿Quién puede saber cuántas líneas de la historia de la literatura se usaron para contar una infancia? Una infancia inventada, una inspirada en hecho reales. La de un personaje de ficción, la de un individuo del mundo real. Una infancia, cualquiera sea. Hay algo allí, en ese espacio-tiempo, que magnetiza, desde siempre, a los contadores de historias, como un Triángulo de las Bermudas en el que, en vez de extinguirse en el punto ciego del agua, resurgen de lo más hondo con un saco de piedras preciosas. Encuentran un destino para sus historias, una subjetividad para sus personajes, una identidad para sí mismos.

En Cada pliegue del cielo, el poeta visita el sol del Conurbano; una cama que ya no es su cama; el ruido del pasto pisado; los autos chocados y apilados del otro lado de la plaza; un paseo en bicicleta a las dos de la tarde; un sifón que se apoya sobre la mesa del almuerzo. Encuentra al perro chiquitito que sacudía su alegría al verlo. Observa cómo se humedecen los helechos y el limonero del patio. Así, teje un discurso de poema en poema con un lenguaje simple y directo. Describe un puñado de imágenes como pinturas, a veces impresionistas, otras románticas. Compila una serie de visiones, de imágenes-recuerdo. Y en ellas están las impresiones sensibles que vienen desde el fondo de una vida:

“Durante años le temí / al animal extraño / que deambulaba por mi cuarto / cuando caía la noche / al punto de no poder dormir / y llamar / a los gritos / a mamá / horripilado / por el movimiento de su sombra / que aparecía y desaparecía / en la penumbra // Con los años el miedo / me dio vergüenza / y comencé a esperar / con los ojos abiertos / a que las agujas del reloj dieran / las horas de la mañana / para ya no despertar / a mamá // No pude nunca ver la belleza / de las cosas / que aparecen en la noche”.

Pero no se detiene en el inventario de las imágenes afectivas, en el umbral de lo anecdótico. Su motivación es otra: practicar el gran salto que va del poema al mundo. Del pasado al infinito. Y así eludir lo que teme: que el tiempo se lo trague todo. Avanza y recula hacia ese fin del ciclo. Una parte de sí busca resistir ese proceso y otra prefiere chocar de frente. Esta es la tensión que habita en el poemario.

“Quiero para mí / cada pliegue del cielo / el infierno de sus nubes / chocando contra mí / y la tormenta / azulada negra tormenta / como un incendio de agua/ardientes gotas de fuego / empapándome / cada pliegue del cuerpo / hasta consumir / mi carne mis huesos / las cenizas / y no dejar nada / desplegado / en el suelo”.

Facundo D´Onofrio recurre a ese no lugar que es la memoria y rastrea lo que allí persiste. ¿Qué es lo que se conserva? ¿Qué sobrevive en esa imagen-recuerdo? ¿Qué puede reconstruirse o reactualizarse en el pasaje? No sabemos si el recuerdo que cuenta es el suyo real y tampoco importa. Es suyo de cualquier modo. Ese detalle no altera en lo más mínimo el ejercicio.

 

 

Reseña de ‘Cada pliegue del cielo’ en Sólo tempestad
Reseña de ‘Cada pliegue del cielo’ en Sólo tempestad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *