Reseña de ‘Working class hero’ de Walter Lezcano, en Sólo tempestad

Si John viajara en el Roca

El working-class-hero de Lezcano pide a Dios que vaya a su casa y le cebe unos mates como la gente. Es un working-class-hero que se encuentra en medio de Lennon y el Gil trabajador de Hermética, paga su libertad condicional cada mes, que es el techo bajo el que vive, con la esperanza de que algún día la casa propia deje de ser un cuento maravilloso para volverse algo real.

Lo hizo en los cuentos de Los Wachos (Conejos, 2015) y lo vuelve a hacer ahora. Su nuevo libro es un entramado de poemas que van a contar siempre una misma historia, en este caso, la del laburante que no tiene tiempo de pensar en las grandes guerras ni en el hambre del mundo porque apenas puede sobrevivir a las pequeñas derrotas que se van acumulando: el mate lavado, el internet que se corta, la heladera vacía, el día del padre sin padre, la piba que siempre le dice que no, las goteras nuevas que le recuerdan la insistencia de la lluvia y la fuerza de la naturaleza, la mejor lección de narrativa. Todas juntas conforman su universo diario que lucha por ser dueño de sí mismo, dueño de una casa y de su tiempo, del sexo y la libertad para llegar a la conclusión de que uno solo puede ser propietario de su pasado.

Leer a Lezcano es sumergirse en un mundo de referencias culturales—Dylan, Páez, Charly, Lennon, los Simpson, Xmen—, en un costumbrismo que nos lleva a identificarnos siempre en algún punto: En las milanesas de Patri, en los viajes en el Roca, en los cubiertos que se pierden. Con un oído absoluto el autor encuentra poesía no tanto en la aparente belleza de un lenguaje altisonante sino en el día a día, de su casa al trabajo, del trabajo al kiosco para comprar la birra —Quilmes no—, ese paliativo que le permita arrancar una nueva mañana en la que tendrá que enfrentarse a la pregunta para qué sirve estudiar, profe, de sus alumnos, y entonces tenga que callarse frente al le re cabió de ellos porque tienen razón, porque a quién le importa la ortografía si las chapas están mal puestas, se pregunta, porque no llega a fin de mes, porque cuando va a tirar el pancho hay un chico atrás que se lo pide, y resbalar es una metáfora de la existencia, dice entonces, y él resbala y se vuelve a levantar.

Una vez más Lezcano hace de la literatura un radiógrafo dispuesto a mostrar esas historias llenas de desconocidos con las ilusiones en terapia intensiva que abundan en la sociedad para encontrar después la redención en los pequeños actos heroicos —una anciana bajo la lluvia sin paraguas, la descarga de música que también es salud— quizá los únicos verdaderos que el destino pone en el camino. Y él, con la fuerza de la palabra que no es ajena a la realidad de su tiempo, deja de hacer sonar a este workingclasshero en un desesperanzado acorde menor para sumarlo a la cadencia simple de la vida cotidiana.

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