“Un cuarto azul” de Emilio Hernán Herrera

Texto de presentación de Valeria De Vito, leído en la presentación de Un cuarto azul en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires, en abril de 2017.

 

Los poemas de Un cuarto azul pueden abordarse desde una mirada introspectiva o de un exterior que invade el espacio interno. Como cuando nos interiorizamos en “El dormitorio en Arlés” el cuadro de Vincent van Gogh.
El poeta reconoce su habitat, lo reconoce a través de los objetos, de los vínculos, de sombras. Ordena cada poema, como un objeto de la habitación: los colores, los estados de ánimo, los deseos, las tristezas. El yo logra hacernos parte de ese cuarto como observadores y elementos, a partir de una poética que incluye por un lado la tristeza como la imaginación:

“seguro que el miedo
ahora es un papel
en forma de avioncito”

La habitación es un depósito y un patio de invierno, una maceta o una llanura. El cuarto es un frasquito de pastillas donde el universo amenaza con corromper el amor y desentrañar terrores a cualquier hora del día. El cuarto azul puede ser un espacio físico tanto como un refugio donde cerrar los ojos y creer que lo imposible se realiza. Muere un vestido en el ropero, la terraza quiere ser un jardín, la libélula tiene muchos principios y no hay manera de escapar a tantos elementos.

“cada nuevo ladrillo
tapará lo que fue una casa
un jardín lleno de verde
un espacio para el ocio”

El lenguaje busca modos de ser y aparece en un crucigrama, en las señas, en el diálogo, en el idioma. El lenguaje de este cuarto es calmo pero esconde una tragedia. ¿Cuáles habrán sido las preguntas a las que Emilio no le encontró respuesta? ¿Cuáles habrán sido los elementos que no formaron parte del lenguaje de este cuarto? ¿Por qué el azul tiñó las palabras que construyen estos versos? ¿De qué se desenamoró el poeta que no encontró el entendimiento?
Estas preguntas son efectos de los sonidos del cuarto, ecos de lo que no se nombra.

El cuerpo pequeño y liviano se aferra a rastros del desorden, donde la sombra se agiganta en versos breves, de hasta dos palabras. El cuerpo anhela desatar la condición solitaria del poeta y aunque no podemos saber si lo consigue, comprendemos que lo intenta.
El cuerpo es la estantería central del cuarto. Es el espacio por dónde todo transcurre y acaba. El cuerpo está dispuesto a todo: se deshace de sí.
Las partes del cuerpo son adornos en este cuarto, adornos que a veces desentonan con el universo y se los mutila.

“me rapé
porque el internado está en mi cabeza”

Pero lo más asombroso es el silencio del cuarto pero dice el poeta:

“lo más asombroso el silencio tuyo
escena donde el viento habla por los dos”

El poeta nos hace parte de ese espacio poético, azulado, cerrado.
Un cuarto azul es un libro escenográfico. Nosotros los lectores ordenamos los elementos, levantamos detrás de cada verso los objetos , como si los mismos se hubieran caído. Esta escenografía es un paraíso olvidado por momentos y calles azules, por el otro. El adentro y el afuera se pertenecen mutuamente como parte de un mismo cuerpo. Los obreros construyen en el vértigo de los rascacielos, el poeta construye en la soledad de su lenguaje; la mujer desordena la habitación con sus pasiones, el poeta reinventa un mundo para ella; las macetas esconden micro espacios naturales; el poeta naturaliza su oficio.
Un cuarto azul es una brisa nocturna, una estrella que titila en el cielo profundo del universo o en la estampa que cuelga del techo de la habitación.

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