Australia

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Descripción

Eso: “un absurdo/ buscar y buscar esa loca estratagema/ del poema/ del lenguaje que se abre/ sobre algo que ya estaba/ abierto del principio”. Aunque tal vez no tan absurdo: ¿no es ese abrirse sobre lo abierto lo que constituye al poema, su razón de ser? Sí, al menos, si hablamos de poemas de Cecilia Perna, es decir de un tono y un ritmo serenos, precisos, firmes y muy reconocibles, como se reconoce a una persona por su voz, que en este caso es una voz que evita cualquier tentación de seducir o descollar por sí misma: es, más bien, la materia que soporta el trabajo de un pensamiento muy lúcido, apenas irónico, entre desencantado y extremadamente atento a la pequeña pero irrevocable sorpresa de lo que va encontrando a su paso, como quien sabe que, en palabras de Guillermo Boido, “sólo lo verdadero canta”. Hacerse cargo es la tarea de ese pensamiento. ¿De qué? De lo que se percibe en el encuentro con el mundo y con uno mismo y con la propia escritura, y de lo que al ponerse eso en marcha se desata: el movimiento de ese pensar es el poema, desplegándose en los entrecortados versos de una escritura afinada y cuidadosa, como quien al dar cuenta de ese proceso se da cuenta, y lo da, para que un otro, el lector, vea cómo, a su vez, puede hacerse cargo. El porqué del título se sabrá al final del libro, como si a ese estado espiritual que Perna cifra en el nombre “Australia” lo hubiera convocado para que ahí desemboque todo, no como una conclusión de lo transitado en los ocho poemas anteriores, sino como algo que lo compensa o completa, o su contracara luminosa, sin cerrar nada, porque nada en este libro deja de estar perpetuamente abierto, latente, convocando a más. Eso: “un absurdo/ buscar y buscar esa loca estratagema/ del poema/ del lenguaje que se abre/ sobre algo que ya estaba/ abierto del principio”. Aunque tal vez no tan absurdo: ¿no es ese abrirse sobre lo abierto lo que constituye al poema, su razón de ser? Sí, al menos, si hablamos de poemas de Cecilia Perna, es decir de un tono y un ritmo serenos, precisos, firmes y muy reconocibles, como se reconoce a una persona por su voz, que en este caso es una voz que evita cualquier tentación de seducir o descollar por sí misma: es, más bien, la materia que soporta el trabajo de un pensamiento muy lúcido, apenas irónico, entre desencantado y extremadamente atento a la pequeña pero irrevocable sorpresa de lo que va encontrando a su paso, como quien sabe que, en palabras de Guillermo Boido, “sólo lo verdadero canta”. Hacerse cargo es la tarea de ese pensamiento. ¿De qué? De lo que se percibe en el encuentro con el mundo y con uno mismo y con la propia escritura, y de lo que al ponerse eso en marcha se desata: el movimiento de ese pensar es el poema, desplegándose en los entrecortados versos de una escritura afinada y cuidadosa, como quien al dar cuenta de ese proceso se da cuenta, y lo da, para que un otro, el lector, vea cómo, a su vez, puede hacerse cargo. El porqué del título se sabrá al final del libro, como si a ese estado espiritual que Perna cifra en el nombre “Australia” lo hubiera convocado para que ahí desemboque todo, no como una conclusión de lo transitado en los ocho poemas anteriores, sino como algo que lo compensa o completa, o su contracara luminosa, sin cerrar nada, porque nada en este libro deja de estar perpetuamente abierto, latente, convocando a más.
Daniel Freidemberg

Información adicional

Dimensiones 18 x 13 cm
Autor

ISBN

978-987-4064-35-6

Páginas

48

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